domingo, 30 de septiembre de 2012
sábado, 7 de julio de 2012
RECUERDOS DE BAILABLES Y OTROS MENESTERES
La Verbena Tradicional del dia 17 de mayo nos va a servir, entre otras cosas, para mantener vivo el recuerdo de lo que fueron los bailes del ayer en una provincia y una ciudad que eran habituales en animar a sus paisanos al buen hacer de la danza en tiempos revueltos.
Sólo hace falta cerrar los ojos para echar la vista atrás, cambiar el vestuario, los peinados y meterse de lleno en lo que eran los lugares de moda de una creciente Vitoria-Gasteiz, una vez superada la centuria del siglo XX.
"La Florida", "El Casino", "El Frontón", "El Canciller", "El Circulo" o "La Peña" eran los lugares oficiales del bamboleo. Hay quienes recuerdan la primera sala de fiestas de la capital, "El Monte Azul", en el entorno de José Lejarreta. "La Koqué" también forma parte del inconsciente colectivo.
Pero la cosa iba por categorias. Los bailables de "La Florida" se consolidaron como los más populares para toda clase social. En aquellas citas, los grupos de amigos y amigas solían hacer las quedadas alrededor del Rey Godo de turno, que bien podía ser Ataulfo, Ludovico o Recaredo. "El Casino" era un lugar de bailes para pobladores más "distinguidos", y aún había otros más "clasistas" como "El Circulo".
"La Peña" estaba inicialmente en la calle Dato, encima del Suizo, y se iba con traje de noche. Luego llevaron la sede al alto de Uleta, a unas instalaciones en las que siguen reinando las pistas de tenis, que en su día vino a inaugurar un deportista de moda, Santana. ¡Qué decir de "El Frontón"!, en la calle San Prudencio. Lugar en el que era figura habitual el "bastonero", la autoridad vigente, que se cuidaba muy mucho de que las parejas se pusieran un poco melosas.
"Había mucho control social entre la gente, que si ésta es una fresca, que si aquél es muy lanzado", comentan algunos asiduos. "Es que, entre los candidatos, había gran parte de seminaristas. Y mucho militar", rememoran entre los asistentes.
Las mayores añoranzas son para los jóvenes, chicos y chicas de la época, que disfrutaban como nadie de estos animados eventos que sirvieron a modo de entretenimiento, en unos tiempos en los que había pocas cosas que tuvieran que ver con el ocio.
Entre baile y baile, miradas, conversaciones y otros primeros pasos de conocimiento surgieron un montón de parejas que luego pasaron por boda y familia. Sin embargo, otras parejas ya vinieron casadas a una ciudad en la que emergía la industria y que pasaron antes por la vicaria que por la psta de baile.
Qué recuerdos de los pueblos de la provincia y aledaños. Allí se bailaba en el frontón del lugar en cuestión. O en algún almacén disponible para tal fin. Las plazas eran otros de los lugares comunes para el bailoteo, quizá el más utilizado. Era el preferido por nuestros padres, porque así se podían permitir el lujo de no quitarte ni ojo. Y es que, el control religioso estaba muy metido en el entrecejo y no se podía organizar sesiones de baile en cualquier sitio.
En poblaciones como Elciego, había incluso una banda fenomenal, que ponía notas en directo a tanto cuerpo rumboso. Entre medias los músicos iban a merendar, y no faltaba el buen "vinico", con lo que las segundas partes eran más alegres.
En otros sitios próximos como Bergara había una orquestina y un orfeón para fiestas especiales. En la Enparantza había incluso raciones de "baile de suelto" que hacía las delicias de "caseritos" y "caseritas".
En toda la provincia y otros muchos lugares del País Vasco eran celebres las romerías, de tradición religiosa, pero que se aprovechaban también para montar el habitual baile de turno.
Hay quienes rememoran las mejores fechas del año para bailar en la capital vitoriana. Para muchos, las mejores fiestas de la ciudad para mover el esqueleto eran las de las calles San Antonio y la del día de San Cristobal, cuya verbena se hacía en la calle Olaguibel todos los 10 de julio.
En San Juan de Arriaga, a su vez, se hacían bailables de categoría. Eso si, siempre y en todo lugar, las "manitas" debían de estar en su sitio, y el roce debía de ser mínimo para mantener la buena compostura de los tiempos.
Cada uno llevaba, de lo que podía, sus mejores galas. La mejor ropa se reservaba para presumir en aquellos bailes encantadores, de romances y calabazas por igual.
¡Y qué calabazas! ¡Pero es que siempre venían a buscarte los más pelmazos!, rememoran algunas criticas de aquel entonces. Con algunos tenían que emplear la estrategía y decirles: "No mira, majo, que esto es una habanera y no bailo. Como no te entendian te dejaban en paz".
Los chicos del ayer alegan que "ellas esperaban sentadas que fuésemos nosotros losque les invitaran a salir a la pista y, muchas veces, para llegar a la que tenían echado el ojo, tenías que pasar primero por todas sus amigas".¡ Y qué pisotones! De unas y otros. Sobre todo de los más torpes, claro.
La programación oscilaba y variaba según la ocasión. En "La Florida", por ejemplo, los jueves de 19,30 a 21,30 -desde el día de Pascua hasta el de Olárizu- la Banda Municipal tocaba tres bailes seguidos, que bien podían ser un tango, un vals y un pasodoble. Después paraban, venía el descanso, y los allí congregados aprovechaban para dar una vuelta por los alrededores. Luego venían otro trío de bailables, seguidos de una nueva porción de parada y tres melodías finales, en los que no faltaba la jota, antes de regresar cada uno a su casa. Y Dios en la de todos, como rezaba el dicho de marras.
¡Bailes, qué lugares! "La Blanca" fue un centro de juventud detrás de paragüería Albareda, al que se acudía con devoción. También eran muy visitadas las piscinas de Judizmendi, con su típica exhibición de bailes acuáticos. El que más o el que menos intentaban hacer ronda y recorrido de baile en baile y, asi, continuar la fiesta.
A partir de los años 60, la oferta se incrementó y eran muchos los que incluso se acercaban en tren o en autobús hasta Miranda.
Las fiestas de las vecindades también eran un lugar propicio para el baile. Las Virgenes de La Blanca, La Vega y Santa Ana -en La Correría- tenían el suyo propio, en el que se bailaba desde un "agarrao" hasta "La Raspa", "fox lento" o lo que se terciara. En cada Vecindad se elegía a una Miss. Varios recuerdan a las espectaculares "Miss Gasolina", que se elegían en la "Fiesta de los chóferes".
Hoy, sin duda, es lugar para la memoria, pero también para el disfrute.
¡Que ustedes lo recuerden, y sobre todo, que lo pasen bien!
Sacado del fancine elaborado por los grupos de encuentro y de tertulias periodísticas de los CSCM Arana, Los Herrán y Txagorritxu
Sólo hace falta cerrar los ojos para echar la vista atrás, cambiar el vestuario, los peinados y meterse de lleno en lo que eran los lugares de moda de una creciente Vitoria-Gasteiz, una vez superada la centuria del siglo XX.
"La Florida", "El Casino", "El Frontón", "El Canciller", "El Circulo" o "La Peña" eran los lugares oficiales del bamboleo. Hay quienes recuerdan la primera sala de fiestas de la capital, "El Monte Azul", en el entorno de José Lejarreta. "La Koqué" también forma parte del inconsciente colectivo.
Pero la cosa iba por categorias. Los bailables de "La Florida" se consolidaron como los más populares para toda clase social. En aquellas citas, los grupos de amigos y amigas solían hacer las quedadas alrededor del Rey Godo de turno, que bien podía ser Ataulfo, Ludovico o Recaredo. "El Casino" era un lugar de bailes para pobladores más "distinguidos", y aún había otros más "clasistas" como "El Circulo".
"La Peña" estaba inicialmente en la calle Dato, encima del Suizo, y se iba con traje de noche. Luego llevaron la sede al alto de Uleta, a unas instalaciones en las que siguen reinando las pistas de tenis, que en su día vino a inaugurar un deportista de moda, Santana. ¡Qué decir de "El Frontón"!, en la calle San Prudencio. Lugar en el que era figura habitual el "bastonero", la autoridad vigente, que se cuidaba muy mucho de que las parejas se pusieran un poco melosas.
"Había mucho control social entre la gente, que si ésta es una fresca, que si aquél es muy lanzado", comentan algunos asiduos. "Es que, entre los candidatos, había gran parte de seminaristas. Y mucho militar", rememoran entre los asistentes.
Las mayores añoranzas son para los jóvenes, chicos y chicas de la época, que disfrutaban como nadie de estos animados eventos que sirvieron a modo de entretenimiento, en unos tiempos en los que había pocas cosas que tuvieran que ver con el ocio.
Entre baile y baile, miradas, conversaciones y otros primeros pasos de conocimiento surgieron un montón de parejas que luego pasaron por boda y familia. Sin embargo, otras parejas ya vinieron casadas a una ciudad en la que emergía la industria y que pasaron antes por la vicaria que por la psta de baile.
Qué recuerdos de los pueblos de la provincia y aledaños. Allí se bailaba en el frontón del lugar en cuestión. O en algún almacén disponible para tal fin. Las plazas eran otros de los lugares comunes para el bailoteo, quizá el más utilizado. Era el preferido por nuestros padres, porque así se podían permitir el lujo de no quitarte ni ojo. Y es que, el control religioso estaba muy metido en el entrecejo y no se podía organizar sesiones de baile en cualquier sitio.
En poblaciones como Elciego, había incluso una banda fenomenal, que ponía notas en directo a tanto cuerpo rumboso. Entre medias los músicos iban a merendar, y no faltaba el buen "vinico", con lo que las segundas partes eran más alegres.
En otros sitios próximos como Bergara había una orquestina y un orfeón para fiestas especiales. En la Enparantza había incluso raciones de "baile de suelto" que hacía las delicias de "caseritos" y "caseritas".
En toda la provincia y otros muchos lugares del País Vasco eran celebres las romerías, de tradición religiosa, pero que se aprovechaban también para montar el habitual baile de turno.
Hay quienes rememoran las mejores fechas del año para bailar en la capital vitoriana. Para muchos, las mejores fiestas de la ciudad para mover el esqueleto eran las de las calles San Antonio y la del día de San Cristobal, cuya verbena se hacía en la calle Olaguibel todos los 10 de julio.
En San Juan de Arriaga, a su vez, se hacían bailables de categoría. Eso si, siempre y en todo lugar, las "manitas" debían de estar en su sitio, y el roce debía de ser mínimo para mantener la buena compostura de los tiempos.
Cada uno llevaba, de lo que podía, sus mejores galas. La mejor ropa se reservaba para presumir en aquellos bailes encantadores, de romances y calabazas por igual.
¡Y qué calabazas! ¡Pero es que siempre venían a buscarte los más pelmazos!, rememoran algunas criticas de aquel entonces. Con algunos tenían que emplear la estrategía y decirles: "No mira, majo, que esto es una habanera y no bailo. Como no te entendian te dejaban en paz".
Los chicos del ayer alegan que "ellas esperaban sentadas que fuésemos nosotros losque les invitaran a salir a la pista y, muchas veces, para llegar a la que tenían echado el ojo, tenías que pasar primero por todas sus amigas".¡ Y qué pisotones! De unas y otros. Sobre todo de los más torpes, claro.
La programación oscilaba y variaba según la ocasión. En "La Florida", por ejemplo, los jueves de 19,30 a 21,30 -desde el día de Pascua hasta el de Olárizu- la Banda Municipal tocaba tres bailes seguidos, que bien podían ser un tango, un vals y un pasodoble. Después paraban, venía el descanso, y los allí congregados aprovechaban para dar una vuelta por los alrededores. Luego venían otro trío de bailables, seguidos de una nueva porción de parada y tres melodías finales, en los que no faltaba la jota, antes de regresar cada uno a su casa. Y Dios en la de todos, como rezaba el dicho de marras.
¡Bailes, qué lugares! "La Blanca" fue un centro de juventud detrás de paragüería Albareda, al que se acudía con devoción. También eran muy visitadas las piscinas de Judizmendi, con su típica exhibición de bailes acuáticos. El que más o el que menos intentaban hacer ronda y recorrido de baile en baile y, asi, continuar la fiesta.
A partir de los años 60, la oferta se incrementó y eran muchos los que incluso se acercaban en tren o en autobús hasta Miranda.
Las fiestas de las vecindades también eran un lugar propicio para el baile. Las Virgenes de La Blanca, La Vega y Santa Ana -en La Correría- tenían el suyo propio, en el que se bailaba desde un "agarrao" hasta "La Raspa", "fox lento" o lo que se terciara. En cada Vecindad se elegía a una Miss. Varios recuerdan a las espectaculares "Miss Gasolina", que se elegían en la "Fiesta de los chóferes".
Hoy, sin duda, es lugar para la memoria, pero también para el disfrute.
¡Que ustedes lo recuerden, y sobre todo, que lo pasen bien!
Sacado del fancine elaborado por los grupos de encuentro y de tertulias periodísticas de los CSCM Arana, Los Herrán y Txagorritxu
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domingo, 22 de enero de 2012
jueves, 22 de diciembre de 2011
LEGUTIANOKO ATEA
Desde el siglo XVIII se conocía esta calle con el nombre de Portal de Urbina, por conducir al pueblo de esta denominación, tan frecuentado por los vitorianos en otros tiempos. Se sustituyó por el actual de Villarreal el 7 de julio de 1937, debido, además de por llevar también hacia esta localidad, como recuerdo a lo que la misma significó en la guerra de 1936. Al acercarse al aniversario de la memorable acción que se desarrolló, el 13 de noviembre del año siguiente, se efectuó el descubrimiento de la lápida con el nuevo nombre de la calle, en el que se prescindió del título de Portal, luego restablecido.
Hasta hace pocos años el portal de Villarreal comenzaba al final del cantón de Santa María, entre las calles de San Ildefonso y el Cubo. Desde el 14 de abril de 1954 empieza en la confluencia de la hoy plaza de Bilbao y las calles de Francia y San Ignacio de Loyola, para finalizar en la intersección de los portales de Betoño y Gamarra.
En estos últimos años ha experimentado considerable transformación urbanística, habiéndose visto totalmente mudado el aspecto de la calle, con un notable ensanchamiento y construcciones nuevas.
Ocupando el amplio espacio que ocupó la Residencia de Ancianos de las Hermanitas de los Pobres ha sido trazado el hermoso parque del Norte o "Molinuevo", inaugurado en 1979.
Otro edificio destacado es el Matadero Municipal, hoy Centro Cívico Iparralde. Sus obras iniciadas poco antes del año 36, quedaron interrumpidas, para su reanudación en 1941. El 6 de agosto fueron inaugurados los servicios del nuevo, si bien no estuvieron completas las instalaciones hasta 1945, en cuyo primer día de marzo se inauguraron. Hasta entonces había estado el Matadero en la tercera vecindad de la calle Correría por espacio de un par de siglos.
Junto al edificio de las Hermanitas de los Pobres estuvo el siglo XIX la Venta llamada "de los cascos", en la casa que tenía el nº 29. También hubo una ollería, cuya situación se ve en el plano topográfico de 1825. Estuvieron asimismo establecidos algunos cuarteles.
En la casa que antes hacia el nº 8, al comienzo de la calle, hubo un establecimiento de chocolates.
Fue muy característica en el arranque de la calle la fábrica de relojes y campanas que primeramente fue de Lecea y Murúa, y en los últimos años, de la viuda de Murúa, cuya firma se encuentra difundida por todo el mundo. Desapareció el 24 de febrero de 1973.
En el nº 12 se encuentra la Sociedad "Gure Kabia", inaugurada en febrero de 1978.
En la esquina con la calle Reyes Católicos estuvieron hasta 1978 los pabellones de la Industrial Vasco-Navarra de los Tablajeros.
Sacado del libro de Venancio del Val "Calles Vitorianas", 1979
olentzero, 2011ko abenduaren 24ak
jueves, 13 de octubre de 2011
EL DUQUE DE ALBA

En el libro de Manuel Vicent "Aguirre, el magnífico", sobre el anterior Duque de Alba, aparece lo siguiente:
"El teniente coronel Ángel Prats le preguntó:"¿Quieres o no quieres mi apellido?". Jesús contestó a su padre, muy alto y enorme: "Me llamo Aguirre y Ortiz de Zárate, con siete apellidos más, alaveses y bilbaínos, y a partir de hoy vas a oír hablar mucho de mí". No sería la primera vez que se iba a conquistar el poder desde una tortilla de patatas; también lo haría un grupo de socialistas en Sevilla. Aguirre recordó que Churchill tenía sobre la mesa del despacho un pequeño cartel con esta consigna: "Acción ahora mismo".
"El teniente coronel Ángel Prats le preguntó:"¿Quieres o no quieres mi apellido?". Jesús contestó a su padre, muy alto y enorme: "Me llamo Aguirre y Ortiz de Zárate, con siete apellidos más, alaveses y bilbaínos, y a partir de hoy vas a oír hablar mucho de mí". No sería la primera vez que se iba a conquistar el poder desde una tortilla de patatas; también lo haría un grupo de socialistas en Sevilla. Aguirre recordó que Churchill tenía sobre la mesa del despacho un pequeño cartel con esta consigna: "Acción ahora mismo".
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domingo, 31 de julio de 2011
EN EL CEMENTERIO DE SANTA ISABEL
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